Por: Illapa Kallisaya[1]
La Universidad Pública de El Alto (UPEA), incluyó en su principal logotipo, la Wiphala de las milenarias civilizaciones del Tawantinsuyu como una muestra de que los actuales integrantes de la comunidad universitaria procedemos de estas culturas que nos negamos a diluirnos en el proyecto civilizatorio moderno de Occidente, porque tenemos un proyecto propio de horizonte civilizatorio (Qama), que es herencia de nuestros mayores para construir una convivencia no sólo humana sino simbiótica que integra a la totalidad orgánica e inorgánica existente.
[1] Illapa Kallisaya es Secretario de Cultura de la Asociación de Docentes del Área Social (UPEA)
La existencia milenaria de la Wiphala está grabada en las obras de arte pre coloniales y fue una enseña que flameó en distintos eventos festivos, de trabajo, tinkus, rituales, emprendimientos que permitían el avance del conocimiento para fortalecer a los ayllus, las markas, las layas y los suyus. Su forma cuadrada denotaba la equidad que debía primar en las relaciones comunales y sus variados colores mostraban la posibilidad de convivencia de múltiples pensamientos, culturas, pueblos, religiones al interior de una gran comunidad.
Desde el momento de la invasión colonial, la Wiphala acompañó a las naciones indias en su resistencia y lucha contra el colonialismo. Estuvo presente en el levantamiento de Tupaj Katari y Bartolina Sisa y durante la república en el levantamiento de encabezado por los Willkas. Las ideologías occidentales que se posesionaron después de la guerra del Chaco, el nacionalismo y el marxismo, intentaron “civilizar” al indio y construir el hombre boliviano, para lo cual era necesario extirpar todo el acervo cultural del indio, que impedía su progreso y por ende el progreso de Bolivia. La cultura del indio debía arrojarse al cofre de las cosas inservibles y se debía hacer del indio un hombre moderno. En eso coincidían tanto nacionalistas como marxistas, izquierdistas, derechistas e indigenistas. Pero una civilización como la tawantina (del Tawantinsuyu) que se había constituido en una de las más sobresalientes hasta el siglo XVI, no podía fácilmente transformarse en su antípoda, es decir con valores que agreden la vida en este planeta. Sin embargo hasta las vísperas de la revolución de 1952 todavía la Wiphala estuvo presente en las manifestaciones de las organizaciones indias o campesinas.
El nacionalismo revolucionario de mediados del siglo XX que llegó al poder a través de una revolución, fue un intento serio de modernización del indio a través de distintas medidas políticas, económicas y culturales. Pero cuando el indio intento realmente ser parte de la bolivianidad, aceptando la promesa de igualdad que ofreció el nacionalismo, fue la casta en el poder que puso un alto al atrevimiento del indio de querer ser igual que el mestizo y criollo. La mentada igualdad nunca llegó, por tanto en los años setenta, reemergió nuevamente la conciencia tawantina expresada en las primeras organizaciones políticas indianistas y kataristas los cuales buscaron nuevamente las ch’uspas y q’epis de los abuelos y abuelas para desempolvar valores culturales materiales y espirituales, entre ellos la Wiphala.
Los nacionalistas, los izquierdistas e incluso los indigenistas miraron con desdén a la Wiphala que fue restaurado creativamente en esos años. Pero esa restauración no sólo fue para decir que éramos culturalmente distintos, sino que en esos años comprendimos que la civilización occidental no tenía un proyecto de vida, y que si seguíamos sus modelos económicos y políticos, liberales y socialistas íbamos hacia un abismo que amenazaba con toda forma de vida en el planeta. La recuperación y el enarbolamiento de la Wiphala, por tanto, no fue para nosotros como la libido pasajera, como lo fue para algunos izquierdistas y otros modernícolas que antes admiraban la Wiphala y hoy la desdeñan.
La caída del muro de Berlín y del socialismo real en Europa en el último decenio del siglo XX, mato las utopías socialistas de los izquierdistas bolivianos, razón por la que un grupo de estos buscaron su refugio en el proyecto civilizatorio de las naciones indias y revalorizaron la cultura y los símbolos de los indios. Por urgencia, y no comprendiendo en su profundidad, el mensaje de la Wiphala, el Movimiento al Socialismo (MAS) tomó esta enseña, junto a muchos planteamientos de las naciones indias. Fue el entorno criollo-mestizo que rodeó al “presidente indio” que manipuló los símbolos y el discurso de las civilizaciones indias, prostituyéndolo. Por eso, la revolución democrático cultural que debía posicionar no sólo un discurso descolonizador sino avanzar hacia un nuevo horizonte del vivir bien, se convirtió en palabras hueras, mientras que iban reproduciendo las mismas relaciones coloniales. La Wiphala en manos de este grupo palaciego se convirtió en un instrumento que les servía de reproducción de sus privilegios. La modernidad que tanto añoraban alcanzar en este “proceso de cambio”, en vez de convertirlos en seres modernos, los convirtió en modernícolas, una mezcla extraña de modernos y cavernícolas.
Estos modernícolas de la izquierda llegaron donde están hoy, no por un proyecto “alternativo” que haya presentado la derecha, sino por los propios límites de su proyecto modernizador y señorial. Por eso los nuevos modernícolas de derecha que vienen del oriente, lo hacen como los cruzados que en la edad media europea se alistaban para asaltar poblaciones del oriente europeo con el pretexto de recuperar el sepulcro de Jesús y castigar a los pueblos infieles negador de Cristo. Esa misma imagen tiene el gamonal del oriente de Bolivia, Camacho, quien con una biblia, cruz y, dizque, con la única bandera que identifica al Qollasuyu ocupado (Bolivia), se posiciona en el centro del poder de la colonia y la república, acompañado de algunos hermanos nuestros, para quienes taita Cristo había derrotado a las Wak’as. Por eso también estos modernícolas de derecha arrían y queman las Wiphalas, como si esa enseña perteneciera a un partido político y no a una civilización que tiene en sus entrañas un proyecto civilizatorio de convivencia simbiótica que hoy necesita este mundo.
Seguramente Atawallpa y Mama Oxllo mirarían azorados como estos modernícolas, pese a los siglos transcurridos, nunca pudieron comprender el nuevo sentido de vivir en Qama, y llorarían al ver como algunos de sus hijos sucumbieron ante el proyecto modernizador, pero siempre existe la esperanza de que, ojalá algún día podamos vivir en mancomunidad respetando cada una de nuestras culturas como los diversos colores de la Wiphala y podamos vivir en igualdad como la forma equitativa de esta enseña india.
11 de noviembre de 2019

