Por Ivan Coa Apaza
En la calle el amigo boliviano y peruano, solía felicitarme expresándome ¡feliz navidad y próspero año nuevo! y yo contestaba ¡Felicidades Chika Mara! Como también ¡Felicidades Chawpi Wata!, y a mis paisanos y masis ¡Jallalla Qhapaj Laymi! Y también ¡Jaylli Qhapaj Raymi!. Algunos al no entender las palabras no castellanas me pedían que explique qué quieren decir, accediendo les traducía que, Chika mara en aymara y Chawpi wata en quechua significa, medio año, porque para nosotros que no somos bolivianos ni peruanos es todavía medio año lo que para ustedes es el primero de enero el año nuevo cristiano y latinoamericano… Ante esto me preguntaban, usted no es boliviano, le respondía que no, peruano, tampoco, de que país es usted, y le respondía del Tawantinsuyu, por eso le decía en aymara ¡Jallalla Qhapaj laimi!, como también ¡en quechua Jaylli Qhapaj raymi!, para decir que, ¡viva la fiesta del gran padre Sol! haciéndoles conocer que nosotros tenemos nuestro propio año nuevo que es el 21 de junio de cada año (Chukiwanka 2019).
De acuerdo a las investigaciones realizadas por Inka Waskar Chukiwanka, todas las culturas tienen sus año nuevos que se celebran en distintas fechas.
De tal manera que todas las naciones del mundo, con sus propias culturas y religiones peculiares, tienen sus propias maneras de contar los años, meses y días. Así, los indios del Awiyala y de todo el Tawantinsuyu cuentan los años a partir de su cosmovisión, la cual parte del Pacha.
Ante las prohibiciones de la iglesia católica contra las costumbres y tradiciones ancestrales de las naciones indias, estos estratégicamente se han mimetizado en las fiestas que hoy se conoce como San Juan, San Pedro, Espíritu y Corpus Cristi.
El restablecimiento del año nuevo del 21 de junio, resurgió como año nuevo indio, en base a la fiesta de la fogata del Inka, llamada también fogata de San Juan, que era una práctica real anual como costumbres clandestina.
A partir de las fogatas, que era la prolongación del año nuevo aymara, como era 4 días antes y 4 días después del 21, Chukiwanka planteó direccionar el 24 de junio para que retorne al epicentro del 21 de junio. De esa forma, empezó a recoger datos sobre los nombres aymaras de los días, meses, estaciones, los nombres indios de varones y mujeres, los colores de la Wiphala, para colocarlos en cada día y contraponerlo al Almanaque Patriótico, que llevaba nombres cristianos. Así, algunos de estos temas Chukiwanka de joven los publico en un periódico mural en el Colegio Bolívar, donde era parte de la dirigencia estudiantil, y de la misma forma los comentó con su profesor de filosofía Max Solares Durán y con sus compañeros Marcial Usnayo, René Ticona, Mario Cuaquira y otros, antes de 1974. Procesando los datos, Chukiwanka ya tenía artesanalmente manuscrito y a máquina de escribir la lámina y un pequeño librito sobre el tema en 1976.
En el año 1978, Chukiwanka viajó a Cuzco, con la idea de que ahí se podría restablecer el año nuevo indio. Lo cual se convirtió en una tarea difícil, ya que en Cuzco sus autoridades coloniales practicaban el festival folklórico y turístico del Intiraymi, el 24 de junio, dando énfasis al Día del Indio, declarado por el presidente peruano Augusto Leguía para desarticular a los levantamientos indios contra los gamonales. De ahí que desde 1948, y con la idea de ocultar el espíritu del Tawantinsuyu, las autoridades coloniales hicieron la fiesta del Intiraymi en la plaza de armas, por el miedo que se tenía de que, recuperando sus creencias, el indio vuelta a insistir en buscar el resurgimiento de un nuevo Tawantinsuyu a través del Intiraymi. Así que el Intiraymi es cambiado por el Día del Campesino, decretado el 24 de junio de 1969, por el presidente Juan Velasco Alvarado, de orientación marxista, quien buscaba erradicar los vestigios de la cosmovisión andina e integrar al indio, peruanizarlo, para asimilarlo dentro del modelo europeo del estado-nación e integrarlo al mercado
Similar actitud paso en Bolivia, donde el presidente Germán Busch decretó el Día del Indio el 2 de agosto de 1937 y como no se pudo integrarlo, el presidente René Barrientos, anti comunista, decreta el Día del Trabajador Campesino el 2 de agosto de 1968, para encausarlo con la revolución cultural del mestizaje, e integrar a Bolivia al indio como campesino, ya que el Indio constantemente se alzaba y levantaba contra los patrones de las haciendas, renegando contra las políticas agrarias, con el objetivo de “volver al Imperio Incásico”, como lo escribían los periódicos de esos tiempos.
En el 2005, durante la presidencia de Carlos Mesa se promulgó una ley para declarar al “Año Nuevo Aymara” como “Patrimonio Intangible, Histórico y Cultural de la Nación”; y en el año 2009 el presidente Evo Morales decretó que cada 21 de junio sea festivo nacional y posteriormente cambió el nombre a Año Nuevo Andino Amazónico y del Chaco. Desde entonces, hay más de 230 lugares del país considerados sagrados.
De acuerdo a Chukiwanka, nuestros abuelos solían festejar el Intiraymi con grandes fiestas, las mismas que fueron prohibidas por los españoles imponiéndonos a la fuerza el año nuevo del primero de enero. Sin embargo, la fiesta del Intiraymi se había mantenido de manera clandestina y mimetizada en las fiestas de Corpus Christi, San Juan, San Pedro y otros.
De ahí que a fines de los 70 y principios de los 80, nació en Chukiwanka la preocupación de retomar y reconstituir el Inti Raymi como el Año Nuevo del Tawantinsuyu, con una actitud de recibimiento ritual al Inti Tata en el lugar sagrado de Tiyawanaku. Para dicho cometido era importante reestructurar el Calendario Mara Wata de 13 meses y un día suelto, iniciado desde 1976. Explicando que hace 160.500 años salieron los primeros habitantes desde Titiqaqa para poblar por todo el mundo. Y que hace 500 años los españoles invadieron a nuestro continente para usurpar nuestro territorio. La labor realizada en ese tiempo posibilitó que en 1978 y 1979 Chukiwanka tuviera los primeros borradores y láminas artesanales.
En criterio de Chukiwanka, en los años descritos, nadie creía que se podía rescatar el Inti Raymi. Sin embargo, en el año 1980 Chukiwanka hace conocer esta inquietud restauradora, de tal manera que presenta el calendario indio a los miembros de la segunda generación del Movimiento Universitario Julian Apaza (MUJA) que estudiaban en la UMSA.
En 1980, Chukiwanka entregó un folleto borrador al Centro de Investigaciones Históricas para que editaran el Calendario. Sin embargo, ese año fue imposible su edición, teniéndo que esperar un año más hasta 1981 cuando salió el texto titulado “Marawata. Ensayo del Calendario Histórico Indio. 5to Sol 489: 22 junio 1981-20 junio 1982”.
En 1982 salió otra publicación en tamaño media sabana titulado Marawata 5to. Sol 490. Calendario Indio, en una cantidad de 7000 ejemplares. Esta edición fue posible gracias a la ayuda de algunos amigos metodistas como el arzobispo Zacarias Mamani Huatoco y Eugenio Poma.
Con los ejemplares de la mencionada publicación, Chukiwanka se dirigió a la Garita de Lima, posteriormente a las ciudades de Puno, Arequipa, Cuzco y Lima, donde vendió varios ejemplares. Y al mismo tiempo que conocía muchas personas, entre ellas al arquitecto Carlos Milla Villena en la ciudad de Lima, quien junto a otros intelectuales adquirio el Calendario, qué años más tarde publica la famosa obra “Génesis de la Cultura Andina” citándo a Chukiwanka.
Chukiwanka por ese entonces recibe la visita en su domicilio, de Pedro Portugal y Jaqueline Michaux, quienes llevaron una cantidad considerable de calendarios a Francia y junto a los mismos un recorte del periódico Presencia que hacía referencia a la aparición del Calendario Mara Wata.
Posteriormente en 1984, Chukiwanka difundió una lámina, del tamaño de la cuarta parte de una hoja sábana, con el título de: Marawata 5o – 491. Calendario Indio.1983 – 1984.
En este contexto de difusión de sus ideas, Chukiwanka recibió rápidamente muchos reconocimientos como el “Pergamino de honor por difundir nuestras culturas del Tawantinsuyo”, con las firmas del maestro músico Juan Limachi, Isabel Tarifa y del médico naturista Toribio Tapia, en agosto de 1989.
A partir de ahí es invitado a exponer el tema en varios lugares importantes como la UMSA, organizaciones como la FEJUVE de El Alto, en los eventos centrales de celebración del Año Nuevo Aymara, además de seguir una serie de publicaciones en revistas y periódicos nacionales y publicar nuevas obras sobre el tema.
Es así que, por la difusión del discurso y la simbología de la cultura aymara, al llegar a la ciudad de Azángaro de Puno, el 27 de marzo del 2003, Chukiwanka es nombrado Hijo Predilecto del pueblo de Azángaro, donde se le asume como descendiente de los Chuquihuanca, reconociéndole el haber restablecido la Wiphala actual, el año nuevo del 21 de junio y por otros aportes en la causa de restauración del Tawantinsuyu.
Con todo esto, lo que se hizo fue restablecer y reactivar en forma publica el Intilaymi dicho por los aymaras y el Intiraymi por los de habla quechua, que había sido atacado desde 1532 por dominicos, franciscanos, luego por jesuitas y por otras órdenes religiosas católicas durante el virreinato, por sectas evangélicas durante la república, por partidos políticos de derecha e izquierda, organizaciones no gubernamentales, instituciones religiosas ecuménicas, esotéricas, místicas y otras durante el siglo pasado, los que se apoderan, tergiversan, tuercen, ocultan, con el fin de destruir el objetivo principal del Intilaymi de mantener la religiosidad espiritual propia de los aymaras quechuas, tupiguaranis y de otras naciones ancestrales de nuestro continente de Awiyala.
La otra actividad importante para la difusión del Calendario Mara Wata era la visita a los lugares sagrados para el recibimiento del Nuevo Año del Tawantinsuyu. Y uno de esos lugares sagrados era indudablemente Tiyawanaku.
En el año 1979 Chukiwanka se dirige a Tiyawanaku de manera individual, con el objetivo de poder hacer conocer las intensiones de restaurar el mara t’aqa, al no tener éxito dicha reunión y al ser cuestionado al grado de ser llamado saxra (diablo) Chukiwanka comprendió que era mejor volver con los del MUJA y con ellos llegar a las comunidades y al pueblo en general, para retomar esa fiesta del Mara T’aqa.
El año 1980, retornaron entre siete a Tiyawanaku, entre ellos estaban Dionisio Laruta, Eloy Chávez, Ramón Calamani, Felipe Chávez, Jaru Javier Peralta, Blas Condori, Oscar Graf, Calixto Quilla, teniente Jaime Laura, Ch’aja Vargas, Pánfilo y otros que están en el anonimato.
Chukiwanka y los del MUJA, fueron a Tiyawanaku con la idea política de poder reivindicar el derecho de ejercer las prácticas ancestrales, pero también la parte ritual. Es así que buscaron un yatiri en el lugar y así conocen a Rufino Paxi para luego realizar la ceremonia del Marat’aqa.
En 1982, retornaron a Tiyawanaku, la partida fue en la Plaza Libertad, al pie del monumento de Tupak Amaru, de la Ciudad de El Alto, portando un par de Wiphalas.
En 1985, fue la última vez, en esa época, que Chukiwanka asistió a Tiyawanaku, ya que el Inti Raymi se fue distorsionando por la acción de ciertas personas que sólo buscaban fines comerciales con contenidos de la religión católica.
En esos años algunos investigadores de la cultura andina, por el temor de denominar Inti Raymi, Mara T’aqa, Año Nuevo Indio o Año Nuevo del Tawantinsuyu, preferían hablar del Willka Kuti. Algunos prestaron en llamar al Inti Tata como Willca, siendo en verdad que Willka es el principal sacerdote Aymara encargado de la ceremonia al Inti Tata.
Finalmente, el año 1993, después de nombrar a dos Inkas en la plaza San Francisco, Chukiwanka retornó a Tiyawanaku investido como Inka para reencaminar la esencia del Mara T’aqa. En Los siguientes años de 1998, 1999 y 2000, acompañado de los (Ajllas) estudiantes de la Universidad Indígena Tawantinsuyu (UTA) se restablece el mara t’aqa en los diferentes lugares sagrados.
Así, con el 21 de junio desde 1979, se concibe claramente el camino de la reconstitución cultural, simbólica, política, filosofica del Tawantinsuyu, pues cualquier lucha de este tipo, si busca ser seria y no ingenua, no puede ser reducida a una lucha política o económica solamente. Entendiendo esto, Chukiwanka se puso al hombro una gran tarea, no solo para recuperar un aspecto importante de la “cosmovisión andina”, sino para difundirlo y posicionarlo como tal, cosa que repercutió en nuestra historia, de ahí que ahora se tenga dicho calendario, el cual permitió reconocer y fundamentar la celebración de lo que hoy se conoce como: “año nuevo andino amazónico chaco platense”, que se da a nivel nacional, con un feriado apoyado por la Constitución Política del Estado, cosa impensable hace algunos años y que hizo posible Inka Waskar Chukiwanka para las futuras generaciones.
NOTA: Este artículo fue publicado en el periódico Página siete, domingo 19 de junio de 2022.

